domingo, 12 de julio de 2009

El mundo se hizo bolsa... Y nuestros Valores?

Las “Bolsas” y “mercados” de valores (no son exactamente lo mismo) nacen respondiendo a la legítima necesidad de financiamiento de las empresas para poder seguir produciendo. Esta demanda de capitales halla en los mercados de acciones los fondos ofrecidos para tal fin. Sin embargo, la búsqueda de “rentas fáciles”, asociadas a una lógica especulativa, transforma este tipo de mercados en un “casino” donde es muy habitual la variabilidad de los precios de los activos, alejados de sus fundamentos reales.

Desde fines de 2007, las noticias económicas no cesan de advertir sobre la crisis financiera en EE.UU. La misma se originó en una serie de préstamos hipotecarios de riesgo creciente (sub-prime), alentados por la demanda también creciente de inmuebles, lo cual aumentaba su cotización y empujaba a tomar nuevos préstamos para seguir comprando... La relajada política de regulación financiera propició el crecimiento económico sustentado en este tipo de maniobras. Esta “burbuja” se pinchó cuando el boom inmobiliario halló un techo y hubo que afrontar las deudas: sin demanda adicional de propiedades, su precio comenzó a retornar a un valor más “realista”, dejando un tendal de deudas por pagar (y acreedores preocupados por sus deudas incobrables y la devaluación de sus activos). El “apalancamiento” del sistema financiero, que infló la burbuja en su momento, arrastra ahora al sistema en su conjunto.

Esta crisis fue denominada NINJA (por sus siglas en inglés, “No Income, No Job, no Assets”, caracterizando a los destinatarios de los créditos riesgosos, “sin ingresos, sin trabajo, sin activos”) y “efecto jazz” por nuestra Presidenta en referencia a su origen, la primera economía del mundo. Y mientras los financistas hacían piruetas bursátiles como ninjas al ritmo del jazz, fermentaba la crisis actual, que amenaza hoy con dejar a muchas familias sin vivienda, cerrar numerosas firmas, aumentando el desempleo, y destruir ahorros de trabajadores, jubilados y ciudadanos en general.

La economía norteamericana ha crecido desmesuradamente en base a un consumo (¿O consumismo, más propiamente?) acelerado por el crédito y el respaldo de los inmuebles sobrevaluados. A la preocupación ética que genera el consumismo (por su impacto en la vida personal), se le agregan hoy cuestiones ecológicas y de justicia:

Si todo el planeta consumiese bienes y servicios como lo hace EE.UU. se necesitarían entre 3 y 5 planetas Tierra para extraer los recursos necesarios (y descartar los residuos y productos obsoletos)[1].

Por otro lado, solucionar el problema del hambre en el mundo (“la compra de alimentos y su traslado a zonas afectadas”, y “generar las condiciones para que se produzcan alimentos en esas regiones por años, o en sitios más cercanos”) costaría alrededor de us$ 175.000 millones[2], una cuarta parte del “salvataje” aprobado por el Parlamento de EE.UU. para comprar las “deudas incobrables” de los bancos más comprometidos (us$ 700.000 millones). Similar resultado podría alcanzarse con una “reducción del 1% del gasto militar mundial”[3]

Recordemos además del rescate de Bear Stearns, los “gigantes hipotecarios” Fannie Mae y Freddie Mac, los numerosos intentos de la Reserva Federal de calmar los mercados financieros inyectando dinero fresco, la nacionalización de la aseguradora AIG (us$ 85.000 millones)[4], las nacionalizaciones de bancos, sin contar las entidades que cayeron efectivamente (como la famosa Lehman Brothers), o las acciones que están emprendiéndose en otras naciones (Europa ha aprobado un plan de rescate que casi triplica al ambicioso plan de EE.UU....!)

A la angustia comprensible por el peligro del que se pretende salvar a la economía y a los fuentes de trabajo de muchísimas personas en EE.UU., se le suma el dolor que surge del contraste... Porque en definitiva se transfiere a los ciudadanos contribuyentes el peso de las malas decisiones, movidas por la codicia y el afán de “renta fácil”... Porque se “socializan” las pérdidas, cuando hasta hace poco las ganancias eran “privadas”, sin posibilidad de discutir la redistribución de los ingresos... Porque hace mucho tiempo que grandes masas de personas empobrecidas y sumidas en la miseria y la indigencia vienen reclamando “auxilio”, sin ser escuchadas ni que se emprendan gigantescos operativos de rescate por ellos... Pensemos que los Objetivos de Desarrollo del Milenio[5] (el primero de ellos apunta a reducir a la mitad la proporción de personas que sufren hambre), fijados por la ONU en el emblemático año 2000, están lejos de cumplirse en 2015, tal como se había planeado...

¿Y entre nosotros? ¿Cómo va a impactar esta crisis? Por de pronto, al aumento de la pobreza que ya experimentamos desde 2007, probablemente debamos agregarle una baja del empleo, quizás temporaria, y de la producción, al enfrentar un contexto externo menos benevolente que el de los últimos años.

¿Qué lección nos deja este temblor financiero internacional? Que el manejo de las finanzas son un tema delicado, que exige responsabilidad y criterio a la hora de tomar decisiones: A nivel personal, como cuando uno toma una deuda con sensatez, para tratar de ampliar las propias capacidades en el largo plazo, o como cuando se presta dinero, buscando que el acreedor sea honesto y atento a sus compromisos. A nivel social, como cuando el Estado se endeuda intentando generar mejores oportunidades de desarrollo para sus ciudadanos, o como cuando se invierte en oportunidades que, si son serias, suelen exigir sus tiempos de maduración...

En ambas instancias, la facilidad que representa la posibilidad de financiarse o invertir fondos excedentes no debe engañarnos ni ocultar la realidad profunda que implica el esfuerzo requerido en definitiva para honrar las obligaciones contraídas, ya que la fuente última de todo ingreso es el trabajo de cada uno de nosotros... La “libertad” que supuestamente tienen los agentes económicos en un sistema capitalista debe ser bien utilizada, como en otras instancias de la vida, es decir con criterio, sabiendo “pesar” las consecuencias de nuestras decisiones y haciéndonos cargo de las mismas.

En este sentido, a los dirigentes de nuestra sociedad (políticos, en primer lugar, pero también referentes sociales, empresarios, sindicales, religiosos) les corresponde reflexionar con seriedad sobre esta crisis, actuar en consecuencia y/o iluminar con un mensaje claro sobre este problema... con la intención de preservar el empleo, de rescatar a los caídos del sistema, a los que han “perdido” en un juego que muchas veces no eligieron jugar, de establecer reglas claras en torno al funcionamiento de los mercados financieros, buscando que el capital (y la economía en su conjunto) esté al servicio del hombre, y no al revés...

Mientras los gobiernos preparan sus economías para una crisis que ya se instaló, no perdamos de vista al trabajo, al amor, la justicia, la paz, la solidaridad...los Valores que no se nos pueden hacer “bolsa”...

Rafael Tesoro

rafaeltesoro@argentina.com



[1] Es muy recomendable ver “La Historia de las Cosas”, un excelente video disponible en www.youtube.com: http://www.youtube.com/watch?v=x5NVqDPYKjg&feature=related

[4] A título de comparación aproximada, el PBI de Argentina en 2007 (el total de la riqueza generada en el país en ese año) fue de US$ 280.000 millones, y su deuda pública es de us$ 180.000 millones.

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