martes, 7 de mayo de 2013
Realidades, posibilidades, elecciones
La división efectiva de poderes previene la concentración del poder en unas pocas autoridades electas, lo que las cargaría de más con tareas demasiado distintas, un exceso de responsabilidades que les impediría realizarlas adecuadamente. La República confiere a los legisladores la producción de leyes que regulen la convivencia social, el control sobre los actos de gobierno, entre otras atribuciones. Su tarea requiere disposición seria y firme al trabajo en equipo, vocación de diálogo, amplitud de miras a la hora del debate y la reflexión, perspectiva de largo plazo, un carácter generoso para el trabajo “visible” en el recinto parlamentario, así como para la labor silenciosa de las comisiones varias que preparan los proyectos de Ley.
Frente a este panorama, es de desear que los candidatos no se limiten a participar en el show televisivo que todo lo banaliza en aras del rating, ni nos prometan meramente que “tienen un plan”, que “seremos bienvenidos”, que tendrán “la fuerza de la gente”, sino que expongan sus visiones y propuestas en distintos medios (y con distintos niveles de detalle), que sometan sus planteos y sus programas al debate público (partidario y ciudadano), que podamos prever las líneas maestras de nuestro desarrollo económico y social, comprometernos como comunidad con las mismas... Sin mencionar lo necesario que esto es para la construcción democrática de alternativas posibles, el estímulo a la generación de ideas y soluciones, la formación y afianzamiento de nuevos dirigentes (oficialistas y opositores), etc.
Sintonizando sorpresas, y cuestiones pendientes
Más allá del acuerdo o desacuerdo personales, en la campaña política de 2011 (que hasta incluyó la elección presidencial), no hubo anuncios de muchas medidas que vendrían, ni la ciudadanía pudo considerarlas o reflexionar sobre ellas (¿Hasta dónde la táctica y el realismo político pueden justificar la falta de comunicación previa?). En este sentido, 2012 fue un año de “sorpresas” políticas; lejos de “sintonía fina”, hubo novedades de proporciones (1): reducción de subsidios, tarifazos varios, limitaciones a las importaciones, restricciones cambiarias, reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, nuevas regulaciones en el mercado de capitales, apropiación de la mayoría accionaria de YPF, voto de adolescentes, ciertos aspectos muy cuestionados de la “ley antiterrorista”...
También están aquellas cuestiones que quedaron pendientes de discusión y decisión, con perspectivas de duraderas consecuencias: la aplicación de la discutida Ley de Medios, o la revisión de la Asignación Universal por Hijo (darle fuerza de Ley, establecer mecanismos de actualización, asegurar que llegue efectivamente hasta los últimos), vincular el problema de la inflación al de la distribución del ingreso, pasar del debate por la pobreza al debate por la riqueza (incluyendo los abultados márgenes de ganancia de las firmas líderes en los sectores oligopólicos), la búsqueda de nuevas formas de energía (nuestra matriz energética descansa fuertemente en la combustión de gas, y es complicado encontrar alternativas que reúnan simultáneamente la condición de ser baratas, aprovechables a escala, sustentables en términos ecológicos, etc.), la legislación que combata el trabajo esclavo, la explotación sexual, las redes de trata (sin olvidar los nexos con las bandas del narcotráfico, el comercio de armas, etc.), el trabajo de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación, las problemáticas referidas a familia y bioética (que generan discusiones tan encendidas), … ¿una posible reforma constitucional? Evidentemente, hay temas en la agenda que merecen una profunda toma de conciencia, más atención y compromiso por parte de la ciudadanía.
La desigualdad se hace presente por igual
Sin embargo, hay temas ausentes del debate público, y que están sellados por la dolorosa desigualdad de nuestra sociedad, una desigualdad que no se da sólo en materia de remuneraciones e ingresos: hay dimensiones de género, étnicas, generacionales, geográficas...Y también hay escenarios muy concretos y cotidianos (2) donde se reproducen la inequidad y el sufrimiento callado de la desigualdad:
Salud: Mientras unos pocos pueden pagarse una cobertura de salud de lujo, la población sostiene, sin mucho fruto, tres sistemas superpuestos (el hospital público, el sanatorio de las obras sociales, la clínica de las companías privadas). Una realidad desarticulada, cara e ineficiente, que está esperando un tratamiento integral y una nueva legislación.
Educación: Mientras unas pocas familias pueden costear una educación de primerísimo nivel, hay desafíos que todavía siguen pendientes, incluso con un notable aumento presupuestario (que hoy llega al 6,47% del PBI) (3): Aunque para 2010 el 30% de las escuelas debían ofrecer doble jornada a los alumnos, sólo se llegó al 6%, todavía no hemos podido asegurar los 13 años de escolaridad obligatoria, resta aún incrementar la oferta de salitas de 4 años, los 190 días de clase no pueden ser garantizados en muchas jurisdicciones.
Transporte: Mientras unos pocos pueden desplazarse en medios modernos, seguros y confortables, la población padece un tránsito pesado y peligroso en las ciudades, y una movilidad cara y precaria en la larga distancia. La recuperación del sistema ferroviario, especialmente para el transporte de cargas (4), esencial para la reducción de costos y la competividad económica, es un reclamo de vieja data (5).
Vivienda: Mientras unos pocos pueden vivir en barrios privados, la población se concentra (y se hacina) en las áreas metropolitanas de las grandes ciudades, se recrean las condiciones del maltrato y la violencia domésticas, se echa a las familias al espacio público, y se empuja a “las esquinas” a los jóvenes que sufren la falta de formación y trabajo... y las peligrosas “cornisas” por las que se merodea y se puede caer si no hay prevención, propuestas constructivas, etc... Naturalmente, esto impacta en la cruda realidad de la inseguridad que se padece en los grandes núcleos urbanos de la nación. En un territorio rico en recursos naturales varios y comparativamente despoblado (6), parece relevante facilitar e incentivar la instalación y la ocupación en otras áreas del país, dotarlas de infraestructura adecuada (sanitarias, educativas, culturales, transporte, etc.), la construcción de viviendas populares y económicas, fomentar la creación de empleo decente, etc.
Medio ambiente: Mientras unos pocos pueden darse el lujo de considerar al problema ecológico como un interés bucólico por la preservación de la belleza de ciertos paisajes o una “moda” naturista, numerosos sectores populares sufren la depredación cortoplacista de los recursos naturales, comprometiendo seriamente la sustentabilidad de diversas actividades, padecen el problema de la contaminación del aire, el agua y el suelo, soportan los efectos nocivos del amontonamiento y la concentración descontrolada en los grandes núcleos urbanos de nuestro país, sin un enfoque urbanístico integral por parte de las autoridades. Recientemente, hemos visto las lamentables consecuencias sobre capas humildes y trabajadoras de la Ciudad de Buenos Aires y La Plata que trajeron las inundaciones de principios de abril, producto de la combinación de un clima con precipitaciones más intensas y la ausencia de prevención, controles y obras de infraestructura por parte de las autoridades públicas.
Trabajo formal y en regla: Mientras unos pocos pueden vivir más que dignamente sin trabajar, hay otros que deben trabajar duramente sin poder asegurar una vida digna para sí y sus familias. Alrededor de un tercio de la clase trabajadora permanece excluido de los beneficios de integrarse a la formalidad y a la institucionalidad: ajuste salarial en paritarias, cobertura de seguridad social, previsión para su ancianidad, descanso asegurado, etc. Recordemos que el trabajo formal y en blanco constituyó tradicionalmente un vínculo de cohesión e inclusión social de las familias, por medio de la solidaridad ente los trabajadores de una misma rama. Aún reconociendo los cambios sociales y económicos de las últimas décadas, ¿cómo preservar para la comunidad toda la indispensable movilidad social...?
Inflación: Mientras unos pocos gozan del “poder de mercado” que brinda una oferta concentrada (y una privilegiada posición económica), muchos otros sienten “en su bolsillo” el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos. Pero aunque eventualmente podría compensarse este problema en forma periódica (si bien no es sencillo), no todos los ciudadanos tienen la misma capacidad para buscar las mejores oportunidades en la dispersión de los aumentos dispares de precios, tampoco tienen todos la misma capacidad para preservar el valor real de sus ahorros deteriorados frente a una inflación tenaz, se cambia silenciosamente la referencia que representan montos determinados a la hora de imponer tributos o efectuar transferencias...
Impuestos y reforma tributaria: Mientras unos pocos se ven afectados por los impuestos netamente redistributivos, la mayor parte de la población soporta la carga tributaria sobre sus recibos de sueldo, sus tickets de compra, etc... Parece necesaria una mayor progresividad, discutiendo la justicia social de algunas exenciones, gravando la renta minera, la ganancia financiera, las herencias (7), etc.. También sería imparativo el combate a la evasión, mejorar la eficiencia recaudatoria, etc., así como replantear el laberinto de la distribución de los ingresos públicos y la coparticipación con provincias y municipios...
Justicia y seguridad: Mientras unos pocos pueden afrontar equipos de vigilancia, servicios de custodia, y la cobertura jurídica en caso de necesitarla, las grandes mayorías, especialmente los jóvenes, no tienen los recursos materiales ni simbólicos para acceder a la Justicia, desconocen los procedimientos judiciales básicos, cómo acceder a una fiscalía, cómo exigir el respeto a sus derechos individuales y garantías procesales, no tienen aseguradas condiciones dignas de detención y reclusión en comisarías y unidades penitenciarias. Tristemente, seguimos viendo casos de represión, abuso policial y “gatillo fácil”... Hagamos memoria de la vida joven frágil, vulnerable, en peligro...: Walter Bulacio, Miguel Bru, Sebastián Bordón, Claudio “Pocho” Lepratti, la masacre de Floresta, Ezequiel Demonthy, Iván Torres, Luciano Arruga, Luciano González, Rubén Carballo, Jonathan Bolig, Guillermo Trafiñanco, Lucas Rotela, Lautaro Bugatto, entre otros...
...
En definitiva, nuestra democracia (que cumple 30 años de continuidad en el próximo 10 de diciembre), aún con todos los defectos que tiene, nos brinda oportunidades para mejorar nuestra vida como sociedad y comprometernos con el bien común, oportunidades a las que, saludablemente, nos vamos acostumbrando. No dejemos pasar la posibilidad de sumar nuestro aporte en este 2013.
(1) E. Tenembaum, Aquellos viejos tiempos, 5 Sept 12, veintitres.infonews.com/nota-5345-sociedad-Aquellos-viejos-tiempos.html
(2) M. Wainfeld, Bisiesto y sin descanso, (30 Dic 12): www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-210892-2012-12-30.html
(3) “El nuevo plan educativo fija metas que no se cumplieron” (Clarín, 7 Feb 13): http://www.clarin.com/sociedad/nuevo-plan-educativo-metas-cumplieron_0_861513927.html
(4) "Solamente el 4% de la carga que se maneja en el país se transporta por tren" ( http://www.chequeado.com/ultimas-noticias/1454-sobrero-qen-la-argentina-solamente-el-4-de-la-carga-que-se-maneja-en-el-pais-se-transporta-por-trenq-.html )
(5) www.trenparatodos.com.ar
(6) es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Argentina
(7) A. Zaiat, Ricos y herencia, (6Ene13): http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-211289-2013-01-06.html
sábado, 6 de octubre de 2012
Voto adolescente: difícil elección.
Son cuestiones delicadas y que suelen abrir diversos interrogantes, a veces insospechados al momento del planteo inicial, como es habitual en las discusiones jurídicas. Es probable que aniden intereses particulares detrás de algunas posiciones, pero esto no debería ser un motivo sustancial de apoyo o rechazo a la moción en discusión: la obediencia corporativa, o la cerrazón a priori, no ayudan a poder debatir y construir consensos... Sin embargo, tampoco deben generar sorpresa y/o indignación ciudadana dichos objetivos particulares: es natural (y necesario, hasta cierto punto) que los dirigentes políticos busquen aumentar su base de sustentación electoral, su capital político, su capacidad de liderazgo, etc...
Lo que sí debe generar reacción ciudadana es la tergiversación del sistema democrático que puede darse en función de esas motivaciones coyunturales (o, peor aún, hechos de corrupción, como hemos visto en otras ocasiones): Ocurre que pasarán los apellidos, los titulares, los encendidos cruces mediáticos... pero permanecerá la legislación. Parece muy necesario, en consecuencia, que la sociedad en su conjunto, y, más en particular, su dirigencia política, gremial, educativa, etc. se dé un debate serio y responsable en torno a la adolescencia, a esta primera generación de jóvenes nacidos ya en el siglo XXI (en algunos ámbitos ya ni se habla de la comentada “Generación Y”, sino de la “Generación Z”1).
Por de pronto, no hay muchos países que contemplen la posibilidad del voto para los adolescentes: Austria, Brasil, Chipre, Cuba, Ecuador, Eslovenia, Irán, Nicaragua; y hay unos pocos más en los que se está evaluando la medida: Bolivia, Chile, Reino Unido2. Tampoco parece que sea un planteo generalizado por parte de los adolescentes... Sin embargo, el hecho de que no sea una exigencia mayoritaria tampoco es un reparo insuperable: una función de la dirigencia política es, precisamente, liderar los procesos de cambio, orientar a la sociedad y no (simplemente) seguir los reclamos ya instalados... Ya sucedió algo así con las medidas a favor de las empleadas domésticas, la extensión de la cobertura previsional, o algunas contadas medidas en materia de organización de transporte y tránsito, por ejemplo... Parecen más atendibles, en cambio, las objeciones en torno a la prolongación de la adolescencia, que incluso ha llevado a que se sancionara con fuerza de Ley la extensión de la educación obligatoria hasta finalizar la educación media, o que se cubriera mediante la Asignación Universal por Hijo a los menores de 18 años.... Para tratados internacionales, con rango constitucional, son menores, sujetos de derecho pleno, y de obligaciones propias de su edad, (algunas por sí mismos, y otras por medio de tutores o curadores).
Por otro lado, también son reales las experiencias numerosas (y silenciosas) de compromiso, servicio, y voluntariado. Sin embargo, es cierto que la participación política no se circunscribe a la participación electoral, como hasta la misma militancia juvenil en distintos partidos políticos, sindicatos, etc., también atestigua...
Parece interesante contemplar la posibilidad de un acceso gradual a los derechos y a los deberes de los adultos: Los menores de 18 años ya son punibles en relación a los delitos más graves (contra lo que se argumenta errónea y frecuentemente)3, pueden emanciparse, con permiso de sus padres o autoridad judicial, trabajar legalmente, comerciar, contraer matrimonio, adquirir licencia de manejo, donar sangre, se debate considerarlos como adultos en lo que hace al cuidado de su propio cuerpo (ya toman decisiones de peso, frecuentemente, sin que intervengan sus padres)... Pero no pueden acceder a propiedades inmuebles, comprar un automóvil, emplear trabajadores, o viajar fuera del país, al menos, para algunos de estos actos, no sin intervención de tutores o curadores, o sin necesidad de ratificarlos al llegar a la mayoría de edad...
Tal como la iniciativa plantea, no parecería incorrecto contemplar la posiibilidad de un voto opcional para jóvenes, antes que sea considerado un deber cívico, tal como ocurre en la otra “punta” de la edad vital (pasados los 70 años, cesa la obligación del sufragio, pero permanece el derecho al mismo)... Y ¿cómo incorporamos el resto de los aspectos que hacen a las elecciones..? ¿Podrían los jóvenes de 16 años ser autoridades de mesa, fiscales...? ¿Cómo participarían en la vida interna de los partidos políticos, en su propia organización institucional? ¿Podrían ser candidatos..? ¿Y si se plantease la posibilidad de votar inicialmente en elecciones locales (intendente, concejales, etc.), dado que es la realidad inmediata que viven como jóvenes...? De hecho, esto es lo que ya sucede en la ciudad de Córdoba, Colonia Caroya, Zapala, por ejemplo4...
Como puede apreciarse, es un tema que rápidamente plantea distintas alternativas, diversos aspectos a ser bien estudiados... ¿Buscamos la ampliación de las capacidades de los jóvenes, o jóvenes con capacidades ampliadas? No es un mero juego de palabras: ¿es nuestra preocupación sustancial un simple hecho jurídico con “consecuencias convenientes”, o nos preocupa centralmente la persona del joven?
Mientras que los jóvenes son parte de nuestro sistema de consumo de bienes y servicios (son objeto de publicidad consumista sin descanso)5, incluso contribuyendo con su propio tiempo de trabajo al mantenimiento económico de los hogares, cuando muchas veces deben sostener complejas situaciones familiares, lo que lleva a que muchos deban quemar etapas aceleradamente, mientras otros muchos ven extenderse indefinidamente su adolescencia (un tiempo de moratoria psicosocial, tal como sugiere una conocida alegoría), cuando ven reflejados (y magnificados...!) los dramas y desigualdades de nuestra propia sociedad, parece justo que nuestros representantes se den un debate serio y coherente en torno a su experiencia vital en nuestras familias e instituciones... O sus variadas experiencias vitales posibles, ya que no parece haber una sola adolescencia, una normal o típica... ¿Será la política otra instancia en la que la juventud también se verá abordada de manera parcial y/o apresurada? ¿No se merecen ellos de nuestra parte una consideración coherente, seria y reflexionada en torno a sus derechos y deberes a los 15, 18, 21, 24 años...?
Sin embargo, más allá de la resolución que eventualmente se tome (al momento actual, ni siquiera es un proyecto de ley presentado), es importante elevar la calidad de la reflexión social y dirigencial sobre nuestros jóvenes, y dotarlo de mayor coherencia e integralidad, así como mejorar la comunicación entre líderes y ciudadanos en los tiempos de campaña electoral y decisiones electorales, tratando de lograr una mayor toma de conciencia sobre la trascendencia de nuestras opciones políticas.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-202991-2012-09-09.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-202978-2012-09-09.html
martes, 5 de junio de 2012
¿Indignados... o dignificados...?
El pasado 15 de octubre de 2011, un importante movimiento global invadió 951 ciudades en 82 países, invadiendo al mismo tiempo las pantallas de televisores, computadoras, teléfonos celulares, y sacudiendo las conciencias: Eran decenas y centenares de miles de sujetos, jóvenes muchos de ellos, manifestando públicamente su “indignación”.
Ya el 15 de febrero de 2003, en sesenta países se movilizaron más de 15 millones de personas para indicar que estaban en desacuerdo con la intención del ex presidente George W. Bush de realizar una invasión estadounidense a Irak (lamentablemente, dicha intención se hizo realidad...). Fue una ocasión en la que pudo verse cómo se afianzaba una nueva conciencia global en los primeros años del siglo XXI. Desde fines de 2010, ya en la segunda década de nuestro siglo, este movimiento sumamente heterogéneo sigue consolidando antiguos y nuevos reclamos, con perspectivas inéditas. Ciertamente, en dicho movimiento pueden (y deben) distinguirse matices: no es la misma indignación la que se manifiesta en Túnez o la plaza Tahrir de El Cairo, tras décadas de postergación cívica y política, dando lugar a la denominada “Primavera Árabe”, o la del movimiento “Occupy Wall Street”, en la que un 99% reclama por la mejor distribución de los ingresos, en la cara del minúsculo 1% que acapara un 90% de los ingresos... O la indignación de los jóvenes españoles en la Puerta del Sol, haciendo público su reclamo por políticas inclusivas y la preservación del empleo decente... O la que ha llevado en este continente a que los jóvenes chilenos fijen en la agenda de la discusión política trasandina el lugar y la importancia de la educación pública, cuestionando también otras realidades cívicas y laborales, buscando sacudirse algunas cargas que todavía arrastramos del triste pasado de dictaduras que ha soportado nuestra “Patria Grande”, América Latina....
Nuestro propio suelo ha sabido de la indignación popular, del reclamo por nuevas formas de participación y políticas distintas... Y desde aquella fuerte crisis de comienzos de siglo llegan algunas experiecnias de voluntariado, compromisos de militancia, una conciencia ciudadana un poco más atenta y alerta...
Y, sin embargo, esta pluralidad de manifestaciones reconoce algunos denominadores comunes: el protagonismo indiscutible de los jóvenes, la creatividad en las consignas y cursos de acción elegidos, la organización horizontal, desde las bases, la utilización de actualizadas “tecnologías de información y comunicación” (TICs), un espíritu no violento sin que por ello pierda iniciativa, decisión, tenacidad, etc. Y la referencia e inspiración en “¡Indignaos!”, un pequeño librito de Stéphane Hessel. El autor de este texto participó en la heroica Resistencia de la Francia Libre a la invasión nazi, fue detenido en campos de concentración, diplomático, y fue uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948... y sintoniza inmediatamente con el idealismo juvenil, al denunciar las numerosas frustraciones a los nobles ideales que inspiraron a tantas generaciones pasadas...
Otro mundo es posible
El atropello a las más elementales libertades y garantías, la explotación laboral, el consumismo peligrosamente desatado, el pisoteo a la naturaleza y el equilibrio ecológico (tanto con la intensa depredación de recursos como con el descarte de residuos), la marginación de los inmigrantes, el desprecio por las culturas autóctonas, y la postergación de los grupos minoritarios son claras señales de que el mundo no marcha en buena dirección.
Pero en medio de estos dolores, también es posible escuchar al “otro mundo posible” que pugna por salir a la luz... Y son oídos juveniles los más sensibles a estos nuevos sonidos, así como son juveniles las voces que más ayudan a amplificar y a hacerlos todavía más audibles: el compromiso con la memoria, la verdad, la justicia y la paz, la conciencia de la propia dignidad, una preocupación más seria y profunda con las problemáticas de género, un Estado activo en la provisión de los bienes y servicios públicos, un sistema tributario más equitativo, un manejo transparente, ético y responsable del sistema financiero, erradicación de paraísos fiscales, desconcentración de los monopolios, regulación de las corporaciones, comercio directo y justo, etc.
Son muchos y variados temas, sin dudas, y aún así, es posible detectar hilos que enhebran estas cuentas pendientes... Se trata de reconocer la complejidad de la realidad, tener conciencia, pensar globalmente..., y también actuar localmente, buscando los espacios posibles para lo nuevo y alternativo (el lema del movimiento es “Unidos re-inventaremos el mundo”).
Este movimiento demanda participación: no se trata simplemente de que los líderes y dirigentes hagan obras a favor de la gente, compensando años de descuido; se trata de que las acciones se hagan con la gente, desde su mismo protagonismo, por su propia iniciativa. No es ser sólo objeto pasivo de beneficencia; es ser sujetos de acción. La enseñanza social de la Iglesia ha enfatizado el valor de la subsidiariedad, sin que ello afecte el valor de la solidaridad.
Igualdad y dignidad para todos
Ahora bien, ¿cómo no ver “signos de los tiempos” en estas realidades...? Y recordemos que “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de la Iglesia” (Cfr. Gaudium et Spes 1). Es que la demanda de participación encuentra un profundo fundamento en la dignidad de la persona humana, lo que presenta nexos con una mirada creyente de la vida: desde el mismo libro del Génesis se nos habla de esta dignidad: el hombre se “parece” a Dios, el hombre es “capaz” de Dios. Y Dios es capaz de ver la opresión de su pueblo, de oír los gritos de dolor, de conocer muy bien sus sufrimientos. En el Nuevo Testamento, la Resurrección muestra el compromiso irrevocable y definitivo de Dios para con el hombre: San Pablo afirma que “el que está en Cristo es una Nueva Creación; pasó lo viejo, todo es Nuevo” (2 Cor. 5, 17). El mismo Jesús supo indignarse ante la perversión del poder... De este modo, la inconformidad, asumida no desde la soberbia, sino desde la conciencia serena y sencilla de la propia dignidad, puede ser vista como un valor profundamente cristiano: Jesús desea que “ya estuviera encendido el fuego que ha venido a arrojar en la tierra” (Lc. 12, 49) y nos pide a los que queremos ser sus discípulos que “seamos astutos como serpientes (...)” (Mt. 10, 16).
Por otro lado, en la vida de las primeras comunidades cristianas, reconocer el Señorío de Jesús implicaba ser conscientes de la radical igualdad en la dignidad de todos los seres humanos, hermanos entre sí. “La gloria de Dios es la Vida del hombre”, afirmaba San Ireneo de Lyón (130-202). Por supuesto, vivir consecuentemente a la luz de esta creencia les valió numerosas dificultades y persecuciones en esos primeros siglos: Sacudieron la comodidad del Imperio romano, acostumbrado a sacralizar y perpetuar las diferencias e instalado sobre la opresión y la violencia. Y de la Tradición de los Padres de la Iglesia nos llega su testimonio de la férrea oposición a las desigualdades intolerables entre las personas.
Por lo tanto, el reconocimiento de la dignidad de la persona humana, la indignación ante tantas injusticias, el reclamo por mayor participación e inclusión no pueden dejarnos indiferentes como discípulos de Jesús y debemos exponer nuestras confianzas, dejarnos interpelar por la Historia de la que nos toca ser contemporáneos... Naturalmente, no cualquier complicación viene de Dios, pero si llevamos una vida demasiado instalada, seguramente no seremos fieles al Reino por el cual nuestro Maestro dio su Vida...
Prestemos atención a los acontecimientos que nos rodean, permitamos el discernimiento comunitario, dejemos que surjan las inspiraciones para poder acompañar los cambios presentes y dar nuestra mejor respuesta en la doble fidelidad al Evangelio y a nuestros hermanos más necesitados.
sábado, 10 de marzo de 2012
Del voluntariado... a la militancia..?
En la experiencia y tradición salesianas ya está contemplado el protagonismo de los jóvenes: no son sólo receptores, sino sujetos activos: el mismo Don Bosco tuvo que encontrar rápidamente en su propio Oratorio aquellos jóvenes que serían sus colaboradores y seguidores más comprometidos, llegando algunos incluso también a la santidad...
En efecto, variadas son las formas en que el voluntariado juvenil puede hacerse presente: realización de actividades solidarias y asistenciales, animación de actividades deportivas, recreativas y de tiempo libre, campamentos, escultismo, apoyo escolar, prácticas artísticas, culturales, etc. En todas estas tareas puede iniciarse un camino que no sólo aleje a los jóvenes de los peligros que pueden correr en ambiente descuidados (lo que ya es bastante meritorio), sino que se pueden aportar, con intencionalidad educativa, elementos positivos, constructores de su personalidad, y también introducir una primera experiencia de anuncio evangelizador. También tenemos las “nuevas presencias” a las que impulsan el ingenio, la decisión y el amor puesto en obras (nuevos espacios, nuevos tiempos), chicos en situación de calle, oratorios nocturnos, etc. Por supuesto, también hay experiencias de grupos misioneros, formación religiosa más explícita, profunda, o detallada, etc.
Sin embargo, es posible que haya algunos jóvenes que sientan el llamado a una “misión” en otros ambientes que también reclaman participación por parte de ellos, aparte de sus actividades académicas y/o laborales habituales. Me refiero a otras actividades que suelen exceder el ámbito salesiano (como puede ser la participación en la parroquia de la propia jurisdicción territorial, o en el servicio en equipos de responsables de la diócesis). Y, desde luego, también pueden sentirse llamados a actividades no “eclesiales” como tales (aunque no dejen de ser portadoras de semillas del Reino, claro está), como puede ser la solidaridad en la vida de la propia comunidad barrial (los numerosos comedores comunitarios son un buen ejemplo).
Creo que no es un aspecto a dejar de lado; por el contrario, hay que tener presentes estas posibilidades como ocasiones para que el joven formado y educado por la comunidad sea “enviado” generosamente por la misma (y sea sostenido, acompañado, etc., al menos durante un tiempo).
Asimismo, puede haber “envíos” a los que el joven se sienta llamado, que los involucran en problemáticas más estructurales, o incluso genera una dimensión de “militancia” en su actitud personal... envíos en los que una comunidad educativo-pastoral también debe acompañar con idénticas seriedad y actitud generosa: la cercanía con otros jóvenes concretada en la participación en centros de estudiantes en colegios secundarios y/o Universidades, la solidaridad con los compañeros de trabajo expresada en un compromiso gremial o sindical, la militancia (y formación) en un partido político, la participación en organizaciones no gubernamentales ni partidarias a favor de un mayor compromiso cívico, o a favor del medio ambiente. También hay instituciones sin fines de lucro animadas básicamente por un deseo compartido de mayor justicia y paz en la sociedad. No faltan tampoco las asociaciones movilizadas por la problemática de género, o por la experiencia cotidiana de los consumidores y usuarios, o aquellas preocupadas por el respeto y promoción de los pueblos originarios y sus culturas.
Si bien algunas veces los jóvenes no pasan de un interés que vaya más allá de los comentarios en las redes sociales, u otras formas de participación que permite la web 2.0, debemos alentar una mayor concientización, la toma de opciones, el compromiso, etc. Naturalmente, hay ciertas problemáticas que por su propia naturaleza reclaman una definición ideológico-política concreta, una partición respecto de los grandes valores que sostienen el esfuerzo compartido por el bien común. Es que mientras el voluntariado puede limitarse a tareas asistenciales que no demanden un posicionamiento político determinado, al involucrarse en la transformación en las estructuras políticas y/o económicas de nuestra sociedad, dicho posicionamiento es inevitable y es hasta un deber que sea hecho de forma transparente y explícita. En este tipo de orientaciones particulares, las instituciones educativo-pastorales no deben comprometerse como sí deben hacerlo en un sentido más amplio y abarcador. Pero esto no quita la necesidad de mostrar la posibilidad de una militancia concreta a los jóvenes que en ellas se forman.
En este sentido, quizá todavía debemos recuperar el valor de la participación y la formación en los partidos políticos, auténticas “instituciones fundamentales del sistema democrático”, a casi 30 años del fin de la dictadura cívico-militar. Muchos ciudadanos, con un interés genuino y loable, ponen recursos, tiempo, talentos, pensamiento, materiales, etc. a disposición de otros ciudadanos en los barrios, en las bases que se constituyen en los diversos locales partidarios. Es posible que ciertos requerimientos de esfuerzo militante reclamen algún tipo de remuneración (lo que puede ayudar a esa mala imagen de los partidos políticos); en estos casos, que también marcan otra diferencia respecto del trabajo voluntario, deben estipularse claramente el trabajo, los montos a pagar, las condiciones de contratación, etc., para bien de todos.
No olvidemos que las experiencias de voluntariado suelen ser auténticas escuelas de liderazgo y de formación de dirigencia. Según Bernardo Kliksberg, el prestigioso asesor especial de la ONU, “el voluntariado es un constructor de capital social. La experiencia voluntaria es un fortalecedor neto y casi insustituible de los valores éticos positivos y del civismo (...). Schervish, Gates y Hodgkinson (1995) muestran en Estados Unidos cómo cuando los niños y jóvenes participan en actividades voluntarias o tienen padres que lo hacen, aumentan considerablemente las posibilidades de que se conviertan en adultos socialmente responsables”. Kliksberg reseña que “Howard y Gilbert (2008) analizaron grupos de voluntarios más activos de asociaciones y voluntarios menos activos. Concluyeron que los más intensamente involucrados en asociaciones voluntarias tenían más participación política, mayor satisfacción en la vida, y eran más confiables que los pasivos”. Además, la vida de cada persona se hace más plena en la medida que participa y se involucra en la comunidad, aumentando su sentido de pertenencia a la misma e incrementando la autoestima. Ya el libro de los Hechos recordaba un dicho de Jesús: “Hay más felicidad en dar que en recibir”...
No debería resultar tan extraña la asociación o transición del voluntariado a la militancia. De hecho, los significados de estas palabras se remiten mutuamente en cierto sentido: En principio, el voluntariado refiere inicialmente al “alistamiento voluntario para el servicio militar”, derivando luego en el sentido más amplio de “conjunto de las personas que se ofrecen voluntarias para realizar algo”. Coincidentemente, si bien “militar” es primariamente “servir en la guerra”, también significa “figurar en un partido o en una colectividad; (…) favorecer o apoyar cierta pretensión o determinado proyecto”. En ambas palabras están presentes las connotaciones de servicio y de lucha...
Todavía más: Hasta hace no demasiado tiempo, y con una concepción que tiene que ser rectamente entendida, se hablaba de “Iglesia militante”...: Los cristianos que hemos completado a conciencia un camino de iniciación en la fe, que hemos confirmado nuestro Bautismo... también tenemos que estar dispuestos a jugarnos por Jesús, dar un testimonio valiente de Él y pelear nuestro “buen combate”, como refiere Pablo (2 Tim. 4, 7)...
Verdaderamente, un camino formativo que se proponga un compromiso con el Reino no puede desconocer que los adolescentes son laicos (en términos vocacionales). Por lo tanto, empezando por hacer aflorar lo positivo de todo joven, hay que prepararlos para que se asuman poco a poco como “mujeres y hombres de la Iglesia en el corazón del mundo”. Esto es una consecuencia natural de una fe puesta al servicio del mundo actual. Y debería estar muy claro en la conciencia de los jóvenes (y de los educadores) que el hecho de asumir algún tipo de militancia en otros proyectos no debería implicar necesariamente un distanciamiento afectivo con sus formadores o compañeros, o una disminución de su identidad cristiana, madurez vocacional, etc.
Sería interesante asumir explícitamente esta dimensión en los proyectos formativos que diseñamos y llevamos a la práctica, tomar una mayor conciencia sobre el potencial de liderazgo y dirigencia que va levando imperceptiblemente en los animadores y colaboradores de los grupos juveniles, obras, estructuras pastorales, etc. Eventualmente, no puede descartarse en el acompañamiento de los jóvenes la propuesta concreta de un compromiso mayor (incluso en experiencias no salesianas)... Formar (y enviar generosamente) jóvenes con valores, capacidades e iniciativa, con experiencia en la gestión y el sostenimiento de procesos y tareas, competentes para organizar y llevar adelante equipos y actividades, puede ser un invaluable aporte de la Familia Salesiana a la sociedad.
Rafael Tesoro
rafaeltesoro2@yahoo.com.ar
sábado, 23 de abril de 2011
Elige tu propia Historia
El año 2010 fue el escenario de los comienzos de los festejos del Bicentenario patrio 2010-2016. Además de las masivas celebraciones, hubo otros acontecimientos que expresaron y reflejaron una misma realidad compartida como Nación: el Censo Nacional de población, hogares y viviendas (se conocerán los primeros resultados provisionales el 20 de Junio, y los resultados definitivos, el 15 de diciembre)[1], eventos deportivos que siempre convocan a su manera el sentir patrio (como
Como sabemos, 2011 es un año electoral. El acontecimiento de las elecciones también puede servir para percibir más claramente la posibilidad que tenemos de construir juntos este tramo de la historia que nos toca. Se percibe cierto renacer de la política como una instancia a discutir, como una de las palancas de la realidad sujeta parcialmente a las decisiones del pueblo, como una posible convocatoria al compromiso y a la militancia. En efecto, el mismo día de las elecciones generales, así como el día de la asunción de mando de los candidatos electos, tienen un aire festivo en verdad, por el ejercicio concreto del derecho al voto, expresión de la democracia si las hay. Un aire festivo que nos reúne como pueblo.
Sin embargo, también es cierto que la política incluye una dimensión (en algunos casos, inevitable) de conflicto de intereses, toma de opciones, partir posiciones. Es algo natural, en la medida que la actividad política se constituya como un canal civilizado de procesamiento de los conflictos económicos, sociales, culturales, etc.[2] Aún sin comprometer la necesaria unidad que debe presidir a la comunidad y la búsqueda del bien común, el tiempo de elecciones nos recuerda y nos hace presente la realidad del conflicto.
Precisamente, excediendo en mucho la simple contienda periódica por los votos[3], una de las funciones permanentes de los partidos políticos es la elaboración de pensamiento e ideas, el diseño de estrategias y criterios de gestión, la formación de líderes y cuadros dirigentes, etc.[4] De este modo, puede ordenarse algo más la oferta electoral que llega a los ciudadanos (sólo los partidos políticos pueden presentar candidatos en las elecciones).
En ese sentido, uno de los derechos que tenemos los ciudadanos es el derecho a la información[5]. Efectivamente, sólo un pueblo con acceso a información confiable y fácilmente disponible, puede debatir racionalmente sobre las distintas propuestas, conocer mejor los antecedentes de los candidatos, etc. Recordemos distintas decisiones y medidas de cierta envergadura en estos últimos años que no se destacaron suficientemente en las campañas de propaganda, los debates previos a las elecciones, más allá del acuerdo o desacuerdo de cada uno, como el caso de las leyes de Medios, financiamiento al Tesoro con reservas del BCRA, Matrimonio Igualitario, normas medioambientales, previsiones presupuestarias, etc[6]… Tristemente y por el contrario, los últimos procesos políticos se caracterizaron, antes que por una amplia discusión en la sociedad de ideas y propuestas, por una sucesión repetitiva de simples lemas o consignas, parodias e imitaciones en shows televisivos, tradiciones clientelares, candidaturas testimoniales, listas espejo y demás praćticas viciadas.
Por otro lado, los ciudadanos estamos obligados moralmente a informarnos cabalmente sobre los candidatos y sus propuestas, a exigirles cierta definición sobre las orientaciones esenciales de sus programas, sus criterios generales, etc. Y algo más de 160.000 ciudadanos también tendrán la responsabilidad de prestar un servicio como autoridades de mesa a los cerca de 28 millones de votantes habilitados[7]… Recordemos que, tanto en física como en política, los espacios vacíos tienden a ser ocupados…
Desde este año, habrá una novedad[8][9]:
Abiertas: Participan también quienes no están afiliados a los partidos,
Simultáneas: Se realizan el mismo día, y
Obligatorias: Todos los ciudadanos deberemos participar, estemos afiliados o no al partido en cuya interna elijamos participar, y todos los partidos que presenten candidatos deberán pasar por esta instancia, sin poder presentar candidatos los partidos que no alcancen en las primarias un piso mínimo de votos[11].
Luego se celebrarán las elecciones presidenciales el 23 de octubre (algunas provincias también sumarán sus propios comicios al mismo día). En caso de que no haya un ganador en primera vuelta[12], la segunda vuelta electoral se realizará el 20 de noviembre.
Recordemos que el Presidente de
Además de presidente y vice, se renovarán los cargos de Legisladores Nacionales. Todos elegiremos 127 diputados nacionales con mandato por 4 años (principalmente, en proporción a la población de cada distrito), y las Provincias de Buenos Aires, Formosa, Jujuy,
Similarmente, también se elegirán gobernadores y autoridades locales. El carácter federal de nuestro Estado permite contemplar con atención y por separado las realidades más específicas de cada distrito, sin las complejidades propias de los Estados soberanos. Finalmente, también se elegirán legisladores provinciales, intendentes y concejales[16].
Es útil recordar que, tácticas de marketing partidario aparte, es posible acceder en www.pjn.gov.ar/cne/secelec/ a información oficial suministrada por los partidos políticos de cada distrito a
Un punto que no es menor, y que suele pasarse por alto, es que el sufragio no tiene como única consecuencia la elección de un candidato. Según la actual legislación, la posibilidad de los partidos políticos de presentar candidatos depende de cierta cantidad mínima de votos[17] en la elección anterior. Además, el financiamiento por parte del Estado a los partidos políticos para sus actividades y la capacitación de sus dirigentes, así como los espacios de propaganda en los servicios de comunicación audiovisual, también dependen parcialmente de la cantidad de votos recibidos. Considerando esto, un alto porcentaje de ausentismo o de votos nulos afectaría a la actividad política de los partidos, en sí misma.
Finalmente, la vida en democracia es mucho más que una simple jornada de votación, las campañas y los eventuales intercambios de pensamientos que podemos tener con nuestros conocidos. El espíritu democrático, que se manifiesta con más claridad en tiempos electorales, también debe hacerse presente en el estilo de gobierno de los vencedores (tolerante y pluralista), en los mecanismos de democracia participativa o semi-directa (tales como la iniciativa popular, la consulta popular, o la revocatoria contemplada en algunos distritos), en la misma sociedad civil (con la presencia de asociaciones intermedias e instituciones de distinto tipo, con democracia interna en ellas), en la vida económica (con una distribución equitativa del ingreso), en la vida cotidiana de todos los ciudadanos, empeñados en el respeto a los derechos de todos, especialmente de los más pobres, abandonados y en peligro.
J. Rafael Tesoro
Cronograma electoral
http://www.clarin.com/politica/Cronograma-electoral_0_406759439.html
http://tiempo.elargentino.com/notas/esta-listo-cronograma-electoral
listado de novedades
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/136371-43943-2009-12-03.html
[2] Ya el Papa Pío XI consideraba a la política como una de las expresiones más altas de la caridad porque puede crear las condiciones para una sociedad más justa y solidaria. Y los Obispos reunidos en Puebla afirmaban que la fe cristiana valoriza y tiene en alta estima la actividad política.
[3] Según el artículo 38 de
[4] La ley obliga actualmente a los partidos políticos a conservar en todo momento una cantidad de afiliados “no inferior al 4 por 1.000 del total de los inscriptos en el registro de electores del distrito correspondiente”. Si esta condición se cumple en 5 distritos, el partido puede ser considerado un partido nacional.
[5] En definitiva, éste es el fundamento del también muy necesario derecho a la libertad de expresión.
[6] Un poco más atrás, en 2008, tuvimos dos casos muy claros de esto: las “retenciones móviles”, y las estatización de las AFJPs….
[7] Según cifras definitivas de las últimas elecciones nacionales. http://www.pjn.gov.ar/cne/documentos/seminario/Las%20elecciones%20en%20numeros.pdf
[9]http://www.mininterior.gov.ar/asuntos_politicos_y_alectorales/dialogo/diagPolitico.php?idName=asuntos&idNameSubMenu=dialogoPolitico
[10] Llamada de “Democratización de
[11] Un 1,5% de los votos válidamente emitidos en las últimas elecciones presidenciales. Es decir, actualmente no podrán presentar candidatos los partidos en cuyas primarias de agosto próximo no concurran cerca de 350.000 ciudadanos.
[12] Según los artículos 97 y 98 de
[13] Cf. Constitución Nacional, art. 99.
[14] Según el artículo 83 de
[15] En los últimos años, a estas facultades “legislativas” propias del P. Ejecutivo, se le han agregado, con frecuencia variable y distintos grados de importancia, las facultades legislativas “delegadas”, los decretos “de necesidad y urgencia” (DNU), diferentes de los decretos “autónomos” del P. Ejecutivo.
[16] En el caso de
[17] Entre otras causales posibles, los partidos pueden perder su personalidad jurídico-política si no alcanzan en dos (2) elecciones nacionales sucesivas el dos por ciento (2%) del padrón electoral del distrito que corresponda.
lunes, 15 de febrero de 2010
Bicentenario: memoria, presente y sueños.
En 2010, se cumplen 200 años del Primer Gobierno Patrio, de la primera Junta consagrada por los revolucionarios de Mayo de 1810. Como suele suceder en la vida personal, los “grandes aniversarios” que nos dan los números redondos, refuerzan la percepción del paso del tiempo, más allá del simple hecho físico de registrar y medir el transcurrir “cronológico”. Con la propia percepción reforzada, se abre entonces una nueva dimensión del tiempo, la “oportunidad”, el “momento propicio” que origina posibilidades.
El Bicentenario nos pone en perspectiva de nuestra historia colectiva, con sus continuidades y discontinuidades, y nos permite hacer una re-lectura propia, una interpretación propia de los hechos de nuestro pasado. Esto no se limita a ser un gran repaso de la historia escolarmente transmitida, sino que implica comprenderla, tomar “conciencia histórica” de los hechos que condicionaron nuestro presente (influyendo en nuestras posibilidades actuales), de nuestro papel actual, de los horizontes que se abren ante nosotros , de los valores que pondremos en juego también “históricamente” en las decisiones que tomemos como sociedad, etc. Si la Historia es “maestra de vida”, pues debe serlo de “vida viva”, y no sólo de “vida fallecida”... En este sentido, conmemorar los acontecimientos que desembocaron en la declaración formal de “Independencia” en Tucumán en julio de 1816 debe llevarnos a identificar y profundizar los valores por los que se optó en aquellas circunstancias puntuales (incluyendo casos de ejemplaridad y heroísmo). Y esto servirá para ir construyendo en un mundo globalizado e “interdependiente” la “Independencia” del siglo XXI, para nuestro país y nuestra “Patria Grande”, la que formamos con nuestros pueblos hermanos[1] y que también ingresa en su Bicentenario...
No puede evitarse una comparación con nuestro primer centenario patrio: en 1910, era imperioso dotar de contenido más democrático a la república; en 2010, parece deseable recuperar en nuestra democracia el carácter republicano, en el sentido genuino del término, el de interés colectivo por la “cosa pública”, el de periodicidad y rotación en los mandatos, el de acceso fácil a información transparente sobre los actos de gobierno, el de igualdad jurídica, social, económica, política, con roles distribuidos, control ciudadano, etc.[2]
Puede apreciarse cómo 2008 fue el año donde la ciudadanía volvió a apreciar la importancia de las decisiones parlamentarias (con la crucial definición “no positiva” en torno a las discutidas retenciones “móviles” a las exportaciones agropecuarias), y celebró los primeros 25 años del actual período constitucional. 2009 fue el año en el que se despidió a un ex-presidente fuertemente asociado al retorno de la democracia y se realizaron elecciones legislativas de “medio término” en las que quedó más en claro la relevancia de las mismas.
2010 se nos presenta como un año para crecer en conciencia histórica y sentido de pertenencia a una sociedad, con todas las implicancias que esto puede tener... Para crecer en una mayor conciencia ciudadana y desembocar en una mayor “conciencia política” (considerada en el sentido amplio, el del compromiso con el Bien Común).
La política, como campo de acción de todos los ciudadanos, presenta varias facetas. Una tradicional distinción suele diferenciar la política “agonal” (rostro de “lucha” de la política) de la política “arquitectónica” (rostro de “integración” de la política). Siendo realistas, es claro que hay momentos políticos en los que se juega la acumulación de poder (la misma se vuelve legítima y encuentra justificación en vistas a un ejercicio del poder al servicio de la sociedad, especialmente de los más desfavorecidos). Previsiblemente, 2011 será un año de confrontación de ideas y proyectos. La política tiene aspectos de conflicto de intereses, y su explicitación, el procesamiento de los mismos mediante campañas, propaganda, debates, elecciones, etc. son necesarios.
Sin embargo, es deseable que, previamente a una sana y respetuosa contienda electoral, 2010 sea un año de diálogo en busca de consensos, un año de sentar bases para un proyecto de más largo plazo, soñando horizontes del 2020, 2030... Todavía más, el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (que se realizará el 27 de octubre de este año) nos permitirá “fotografiar” mejor nuestro presente y “re-conocernos” como país mejor aún... Se nos ofrece la oportunidad no sólo coyuntural (por no ser un año “electoral”), sino histórica (por el Bicentenario), para poder establecer algunos consensos políticos básicos[3], metas compartidas como sociedad: disminuir las tasas de mortalidad infantil, terminar con el hambre (criminal) que sufren muchos niños en un país como el nuestro[4], erradicar enfermedades típicas “de la pobreza” como el mal de Chagas[5], elevar la calidad educativa que reciben nuestros jóvenes, asegurar la centralidad del trabajo decente, mejorar las redes de transporte e infraestructura territorial, facilitar los mecanismos de participación ciudadana, etc., etc.
Es claro que, en este sentido, las responsabilidades son diferenciadas. En primer lugar, los ciudadanos todos tenemos que volver a “querer saber”... Interesarnos, averiguar, es una primera condición necesaria para poder participar constructivamente[6]. Otro aporte importante es el intercambio de ideas y puntos de vista con los vecinos, familiares, amigos: hacer que la política no sea sólo una cuestión electoral, sino una variable importante, presente entre otras cuestiones que hacen a nuestra vida habitual. El sufragio es un momento “visible” del contenido popular de la democracia, pero debe estar precedido por varios momentos “invisibles” de comunicación, de debate, de participación y compromiso cotidianos para encauzar pacífica y racionalmente los justos reclamos.
Los líderes y dirigentes, por otro lado, tienen también una responsabilidad concreta, más expuesta, frente a sus conciudadanos. Desde los dirigentes locales, hasta los autoridades nacionales, desde los referentes sindicales hasta las cámaras de empresarios, consejos profesionales, los referentes intelectuales y religiosos, los comunicadores sociales, las agrupaciones sociales y barriales, todos ellos están en una posición que los pone al servicio del resto. La calidad de sus liderazgos se reflejará en la medida que sepan posponer intereses particulares, en búsqueda de acuerdos que permitan una mayor previsibilidad, en la medida que podamos tomar medidas y movilizar recursos para asegurar la cohesión y la movilidad sociales, en la medida que la paz se base en la justicia, en la medida que los derechos de las personas sean cada vez más consolidados.
Como conclusión, recordar y festejar el Bicentenario de nuestra Independencia nos vuelve a comprometer en nuestra soberanía y en nuestro deseo de no ser “súbditos” de nadie. Y nos recuerda que nuestro ser “honestos ciudadanos” no se limita hoy en día a “no violar la ley”, a mantener una “buena conducta” en términos individuales, sino que también implica hacerse cargo de la sociedad de la cual formamos parte y somos responsables y contribuir activamente a mejorar la calidad de vida de nuestros semejantes.
Rafael Tesororafaeltesoro2@yahoo.com.ar
[1] Cf. la opinión del ex-presidente chileno Ricardo Lagos, en Clarín (6-9-09), “Respuestas para este siglo, no para el anterior”, http://www.clarin.com/diario/2009/09/06/opinion/o-01993011.htm
[2] Cf. la columna del historiador y politólogo Natalio Botana, en Clarín (3-1-10), “La mejor batalla que debe librar este Bicentenario”, http://www.clarin.com/diario/2010/01/03/opinion/o-02112245.htm
[3] De hecho, socialmente ya hay consensos básicos en los planos jurídico y civil, tal como se expresa en la Constitución Nacional.
[4] Según la Red Solidaria, en un cálculo “conservador”, 8 menores de 5 años mueren de hambre por día en la Argentina, país que puede producir alimentos para casi 400 millones de personas.
[5] Aún actualmente, se estima que en la Argentina 2 personas mueren por el mal de Chagas por día.
[6] Las modernas Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) están abriendo posibilidades y nuevas formas de civismo, tales como el “civismo digital”, vinculado con la informatización de la gestión pública y la participación ciudadana.
Orientación Vocacional: sobre mares y embarcaciones
El origen del término “vocación” nos remite a un “llamado” que, sin embargo, no siempre se manifiesta “luminosamente”. Por el contrario, parecería no identificarse claramente cuál es ese llamado, por lo que suele terminar configurándose una situación de mucha presión al momento de tomar decisiones “vocacionales”. Muchos jóvenes suelen experimentarla particularmente al tener que “acertar” a un blanco que no termina de visualizarse claramente, tomando una decisión que se presenta como supuestamente irrevocable y definitiva. Las “brújulas” del barco, que deberían orientar, no siempre apuntan con claridad a una dirección nítida...
Esta situación se agrava cuando se consideran otros factores históricos y culturales que agregan aún más presión: el hecho de que los jóvenes que deben empezar a hacer elecciones “vocacionales” no han madurado del todo su misma personalidad (el sentido de su identidad), la prolongación de la “moratoria” que representa la adolescencia (con lo que se vuelve más difícil la aceptación de la responsabilidad personal sobre la propia vida), el hecho de que culturalmente se han debilitado algunas referencias institucionales y tradicionales, tales como la familia, la escuela, los sindicatos, los cuerpos profesionales, las iglesias, etc., la acentuación sobre la libre espontaneidad del sujeto (más allá de que esto puede abrir otro tipo de posibilidades ventajosas en planos diversos), una sociedad consumista e inmediatista, etc. Continuando con la metáfora naútica, el mar está “picado”...
También hay factores sociales y económicos que tienen importancia: De hecho, el momento en el que un joven se inserte al mercado laboral, así como las condiciones en las que lo haga, inciden en la vivencia de la propia vocación. En este sentido, tratar de asegurar la posibilidad que los jóvenes tienen de tomar elecciones sobre sí mismos, sin coerciones socioeconómicas, ayudaría enormemente a defender y consolidar su libertad, entendida como despliegue de sus propias capacidades: es un derecho que hace a su calidad de vida efectiva. Los adultos (primeramente, familiares, educadores, psicólogos, acompañantes espirituales, líderes sociales, etc.) tenemos una importante responsabilidad en este sentido, especialmente respecto a los jóvenes más pobres y desfavorecidos. ¿Acaso estos últimos no tendrían “vocación” que realizar, talentos que desarrollar...? Definitivamente, la orientación vocacional no debe ser una comodidad de privilegiados a la hora de elegir un estudio superior.
En primer lugar, es conveniente descomprimir (incluso para poder tomar mejores decisiones!), y apreciar mejor el panorama global: No hay una “vocación” congénita, desligada de la propia historia, de las propias circunstancias, de la propia familia y la propia sociedad... Tampoco se está obligado a tomar una decisión sin posibilidad de discernimientos posteriores: Siempre se podrá revisar la decisión tomada, ampliar un trayecto académico-laboral con otras formaciones complementarias, manejar los tiempos, etc. En definitiva, ni es tan indescifrable, ni es tan determinante...
Sin embargo, aunque no se juegue la vida entera en una decisión laboral o académica, es claro que es una decisión de peso (para muchos jóvenes, la primera decisión de peso). En consecuencia, conviene encararla en conciencia y con seriedad, como siempre ocurre cuando tomamos decisiones con libertad.
Algunos criterios que pueden ayudar para una consideración amplia de la orientación vocacional asociada a la construcción del propio proyecto de vida (en la alegoría “marítima” que venimos utilizando, hay que calmar el mar, para ver mejor el horizonte, aún sabiendo que este último se puede ir corriendo para seguir avanzando):
- Tomar conciencia del discernimiento vocacional primeramente como un espacio de libertad, y, por lo tanto de autorrealización, de construcción del propio proyecto de vida. Si bien puede haber una comprensible carga de angustia, es conveniente que los jóvenes se “apoderen” de esta posibilidad, que se “apropien” de esta valiosísima oportunidad...
- No se improvisa el manejo gozoso y responsable de la propia libertad. Parecería conveniente, ir preparando el terreno con ensayos previos de ejercicio de la libertad, en campos de menor trascendencia relativa... También es posible educar en la propia libertad, educar en aprender a tomar decisiones, a ganar y perder, arriesgar y confiar...
- Una opción determinada en el campo académico-laboral debe estar inscripta en un horizonte mucho más abarcativo y fundamental que es el del propio proyecto de vida: Antes de preguntarse “¿Qué voy a hacer?” o “¿Qué quiero tener, conseguir?” parecería bueno comenzar a preguntarse de antes “¿Cómo quiero vivir? ¿Voy a vivir para trabajar? ¿O voy a trabajar para vivir? ¿Por dónde pasa mi felicidad? ¿Cómo entran la ética, la espiritualidad, la fe, en este punto? ¿Qué familia quiero construir? ¿Cómo imagino mi vida de acá a 5, 10, 15 años?” Nuevamente, las respuestas a estas preguntas ni se improvisan ni son terminantes... Si bien siempre puede haber reelaboraciones, discernimientos posteriores, profundizaciones, es conveniente que estos planteos se presenten ya en la adolescencia.
- Saber escuchar las voces de aquellas personas que nos quieren bien, que nos vieron crecer (familiares, amigos, educadores): siempre tenemos necesidad de ampliar las miras. Sin embargo, la propia voz nunca debe ser dejada de lado: En el barco de la propia vida, hay tripulación, gente que nos despide o espera, pero el capitán es uno.
- Valorar el trabajo, como dimensión central del hombre: La posibilidad de transformar el mundo con el propio trabajo, “humanizarlo”, servir al prójimo mediante la actividad laboral, es un rasgo propio y específico del hombre, bueno en sí mismo (Gn. 1,29; 2,15). Es necesario plantearse cuándo y cómo se insertaría uno en el mercado laboral. Esta consideración también ayuda a clarificar la inevitable dimensión económica y remunerativa, justa y necesaria, que implican la especialización y la moderna división social del trabajo, sin descuidar la dimensión del compartir, repartir y distribuir.
- Un trabajo no es un hobbie, un hobbie no es un trabajo. Es importante tener presente que ciertas actividades van a ocupar una gran parte del propio tiempo, de forma habitual, por lo que uno no debe sentirse incómodo ante la perspectiva que uno elija... ni debe pretender que el propio trabajo esté exento de esfuerzo, paciencia, tenacidad... Por otro lado, se abre la posibilidad liberadora de considerar al tiempo de ocio creativo para desarrollar habilidades y facetas de uno mismo que la actividad laboral no siempre permite desplegar, deporte, tareas de voluntariado al servicio de la comunidad, etc.
- No despreciar las oportunidades laborales que la vida puede presentar (a veces, insospechadamente) para poner en juego otros intereses o habilidades, no directamente relacionados con el propio estudio superior.
En el sentido más estrecho de la “orientación vocacional”, asociada a una opción académico-profesional, es importante tener presente dos aspectos específicos: Siempre en clave “náutica”, vamos a identificar el plano de “mi propia embarcación” y las “cartas de navegación”:
El plano de “mi propia embarcación”: en este primer momento, es conveniente profundizar en el autoconocimiento, en el “re-conocimiento” de uno mismo. Esto es de suma importancia, ya que si bien uno puede cambiar de actividad... no puede cambiar la propia persona! Es recomendable comenzar esta tarea cierto tiempo antes de tener que tomar una decisión particular, antes de ponderar opciones concretas, ya que no es cuestión de responder ligeramente sobre ciertos puntos muy importantes...
- Facilidades y predisposiciones personales: ¿Qué tipos de inteligencias he podido y tengo interés de desplegar y desarrollar aún más[1]? ¿Qué tipo de actividades (escolares o no) me “salen” sin esfuerzo? ¿En qué materias obtengo comparativamente mejores resultados? ¿Qué “talentos” descubro en mí? Una actividad laboral no debe ser “imposible” para uno...
- Gustos: ¿Hacia dónde se dirigen espontáneamente los deseos, las “ganas” de hacer algo? Una actividad laboral no debe ser “intolerable” para uno... Este punto es distinto al anterior, pero lo complementa.
- Intereses: Más allá de mis “ganas” espontáneas, ¿hay alguna opción de fondo en mi vida? ¿Hay algún modelo y/o alguna persona concreta que haya impactado en mí?
- Valores asumidos y proyecto de vida:¿Qué valores son centrales e “innegociables” en mi vida? ¿Cómo voy a compatibilizar mis tiempos laborales y familiares? ¿Qué tanto valoro el “reconocimiento social”?
- Expectativas económicas: Uno debe ser consciente de las propias aspiraciones económicas, con criterio realista. ¿Qué nivel de vida, qué confort deseo alcanzar? ¿Qué sería necesario para mí y mi familia y qué sería accesorio? ¿Debe uno solo sostener la propia familia? ¿Es aceptable sumar el ingreso de la pareja y compartir el mantenimiento del hogar?
- Ámbito de trabajo, rutinas: ¿Se prefiere un trabajo previsible y sistemático? ¿O uno que requiera creatividad, o acompañar situaciones nuevas día a día? ¿Estaría uno dispuesto a trabajar en espacios abiertos/cerrados? ¿Estaría uno dispuesto a mudarse a otra localidad del país o del exterior?
El sondeo del mar abierto, con las cartas de navegación: Cuando ya se tienen un poco más claras algunas respuestas a las preguntas relativas a “la propia embarcación”, y sin olvidar que la carrera es sólo un aspecto a conjugar con las otras dimensiones de las elecciones vocacionales, pueden comenzar a sondearse las distintas posibilidades que brindan las diversas carreras que pueden elegirse, atentos a los “ecos” que nos lleguen de vuelta, relativos a la formación teórica, el título habilitante, etc.:
- Objetivos de cada carrera: ¿Qué valores intentan formarse en los graduados de cada carrera? ¿Qué fines se buscan, explícitamente e implícitamente?
- Plan de estudios: ¿Qué capacidades personales son requeridas en los alumnos? ¿Qué materias habrá que estudiar (tratar de indagar más allá del nombre de las asignaturas, llegando a cierto detalle sobre los contenidos de las mismas)? ¿Qué orden propone el plan de estudios? ¿Hay ramas u orientaciones? ¿Cómo están dispuestas las correlatividades y/o equivalencias? ¿Qué orientación ideológica y/o profesional está presente? No olvidar los estudios terciarios no universitarios (profesorados, tecnicaturas, etc.), los oficios, las “carreras cortas”, ni los títulos “intermedios” (que posibilitan articulaciones posteriores para alcanzar otros títulos superiores)
- Dónde estudiar: ¿Universidad tradicional, prestigiosa, accesible,...? ¿Universidad pública o privada? Si es privada, ¿laica o confesional? ¿Cuáles son los valores, las ideologías, etc. defendidos por esa institución particular? ¿Cómo son los graduados de la misma? Considerar seriamente, y con criterio de realidad, las posibilidades de las finanzas familiares para sostener durante 4, 5 ó 6 años una carrera terciaria (materiales de estudio, eventuales cuotas, etc.).
- ¿Qué tendencias pueden apreciarse en los últimos años en torno a las distintas carreras? ¿Qué perspectivas se insinúan a futuro? ¿Hay algún tipo de facilidades (becas, incentivos, políticas públicas) para determinadas carreras?
- Salida laboral: ¿Cuáles son las actividades posibles de realizar en los últimos años de la cursada? ¿Y recién graduados? ¿Y en el mediano plazo? Sin ser el aspecto más importante, y con lo difícil que es estimar el futuro, uno debe ser consciente de las propias aspiraciones económicas y estar al tanto del mercado laboral en cuestión: ¿Hay mucho desempleo en la actividad y/o precariedad laboral? ¿Cómo son las remuneraciones?
- Entrevista con un profesional (o alguien comprometido con la actividad laboral en cuestión): ¿Cuál fue el origen histórico de la actividad? ¿Cuál es la función social actual de la misma? ¿Cómo es una jornada típica de trabajo? ¿Hay algún tipo de actualización y/o formación permanente? ¿Cuáles son los criterios éticos que hacen a la buena “práctica profesional”? ¿Cómo se regula el ejercicio laboral?
Las decisiones vocacionales podrán ser mejor elaboradas con estos elementos chequeados, y así se podrá llegar más probablemente a buen puerto... quizás puertos provisorios… que nos animen a seguir ampliando nuevos horizontes, buscando nuevos puertos…
Eventualmente, hay especialistas focalizados en los procesos de orientación vocacional[2]. En este sentido, las “técnicas” vocacionales (adecuadamente insertas en todo un proceso de acompañamiento específico) y fundamentalmente la escucha que se abre en los espacios de “orientación vocacional” pueden sumar elementos al discernimiento... Sin embargo, por involucrar la libertad y la responsabilidad personal, no debe perderse de vista la centralidad del sujeto en este momento privilegiado de construcción de sí mismos que es la elección vocacional.
Rafael Tesororafaeltesoro2@yahoo.com.ar
[1] Howard Gardner ha sabido presentar el paradigma de las “inteligencias múltiples”, ampliando el concepto de inteligencia más allá de lo lógico-matemático.
[2] En varios puntos del país, existen Facultades de Psicología y centros de Salud Mental que, en términos de prevención, facilitan gratuitamente instancias de acompañamiento para el discernimiento vocacional.
¿Qué es Responsabilidad Social Empresaria (RSE)?
Siguiendo la tendencia cada vez más presente en las sociedades contemporáneas, que demandan ética en sus diversas capas, las empresas también han visto redefinido el rol que tradicionalmente se les asignaba. En las modernas sociedades capitalistas, surgieron las empresas (con variado formato jurídico, como “sociedades anónimas”, “sociedades de responsabilidad limitada”, etc.) como “personas jurídicas”, es decir, personas de “existencia ideal”, a diferencia de las personas físicas, o de existencia visible. A ambos tipos de personas se les reconocieron derechos y deberes (no necesariamente los mismos). Ahora bien, si contemporáneamente a los ciudadanos se les pide que profundicen en su conciencia social y su capacidad de responder éticamente, a las empresas también se les pide que tengan un proceder socialmente responsable, aún sin abandonar la búsqueda de beneficios económicos.
En efecto, tradicionalmente se contempló la realización (y maximización) del beneficio empresario como el fin exclusivo de la firma capitalista, sin contemplar otros aspectos. Sin embargo, esta visión reducida está siendo cuestionada hoy en día[1]:
Un primer cuestionamiento pasa por la remuneración justa y necesaria a los factores productivos, especialmente el trabajo: el salario de los trabajadores no es sólo un “costo” más para la empresa, ya que en la medida que la empresa abre oportunidades de empleo y de inversión encuentra su justificación económica intrínseca.
Un segundo cuestionamiento pasa por la finalidad económica externa: En la medida que se producen bienes o se proveen servicios necesarios para la sociedad, la empresa también es de interés para otros sujetos, frente a los que debe responsabilizarse.
Sin embargo, hay algunos cuestionamientos más recientes en torno a la dimensión social de la empresa, a la que también debe dar respuestas: a la empresa no sólo le corresponde preservar valores humanos fundamentales de sus integrantes, sino que hasta debe buscar su pleno desarrollo.
Este deber de responsabilidad social de la empresa incluso se hace extensivo a la comunidad de la que forma parte, y sobre cuyas bases sociales y humanas se sustenta su misma existencia.
Así, hoy en día, se entiende que al fin principal de búsqueda de lucro, debe agregársele la respuesta explícita que da la empresa a los condicionamientos éticos que hacen a su accionar en los planos social, ambiental, etc. (El “triple resultado” o los “tres pilares”: en inglés: “people, planet, profit”): Los “balances” ya no son sólo económico-patrimoniales.
¿Por qué la empresa debe responder socialmente, ambientalmente, etc.? En primer lugar, por un criterio elemental de ética: Con su presencia, los otros seres humanos nos cuestionan y nos interpelan, especialmente el pobre, el abandonado, el que está en peligro... Se nos impone, inevitablemente, dar una respuesta. Es bueno, nos hace bien, nos hace crecer en humanidad hacernos cargo de aquello en lo que se puede ayudar, y la especialización en la que toda empresa (grandes y pequeñas) se basa, las ubican en un lugar relevante para colaborar en determinadas iniciativas de su entorno. De hecho, las empresas siempre reconocen planteos éticos cuando definen su visión, su misión, sus valores, etc. Y cada vez es mayor la presión por parte de consumidores, vendedores, proveedores, inversores, trabajadores, reguladores, medios masivos, académicos, la comunidad en general, para que se incorpore una mirada más ética a la administración y gestión de las empresas. La calidad de vida se vería mejorada significativamente si todos, individuos e instituciones, prestamos atención a esos “pequeños grandes gestos” que hacen la diferencia...
En segundo lugar, también hay algunas razones de conveniencia económica para que las empresas sean socialmente responsables, condicionando la manera en que la empresa busca el logro de sus objetivos:
La mayor satisfacción de los trabajadores incrementa su sentido de pertenencia y su productividad, así como su propio comportamiento ético.
La imagen corporativa y la reputación se ven fortalecidas: cada vez más frecuentemente los consumidores son llevados hacia marcas y compañías consideradas por tener una buena reputación social y ambiental. También importa en su reputación entre la comunidad empresarial, incrementando así la habilidad de la empresa para atraer capital y asociados, así como para atraer y retener los empleados dentro de la empresa.
Mejoran las relaciones con diversos agentes particulares y con la comunidad en general, en un contexto de creciente conciencia social y educación.
La globalización y las fuerzas del mercado también son un condicionante, desde el momento que las empresas socialmente responsables ven facilitada su inserción a nivel global.
Sustentabilidad en el tiempo para la empresa y para la sociedad, dado que la RSE fortalece el compromiso de los trabajadores, mejora su imagen corporativa y la reputación de la empresa, entre otros.
Un mejor manejo en situaciones de riesgo o de crisis, ya que se cuenta con el apoyo social necesario, lo que permite ganar seguridad en el largo plazo y reducir la incertidumbre;
Rentabilidad de sus negocios o performance financiera: se refiere a la relación entre prácticas de negocio socialmente responsables y la actuación financiera positiva. Se ha demostrado que las empresas fieles a sus códigos de ética resultan de una performance de dos a tres veces superior respecto a aquellas que no los consideran, de esta forma las compañías con prácticas socialmente responsables obtienen tasas de retorno a sus inversiones muy superiores a las expectativas.
Reducción de costos operativos: Son múltiples las iniciativas que logran reducir costos a las empresas, principalmente del área ambiental, como lo es el reciclaje, que genera ingresos extras.
Beneficios Fiscales: El Estado incentiva de esta manera el compromiso social de las empresas
Acceso al Capital: Las compañías que demuestran responsabilidades éticas, sociales, y medioambientales tienen acceso disponible a capital, que de otro modo no hubiese sido sencillo obtener.
Finalmente, la regulación estatal también es un factor que ayuda a la mejor Responsabilidad Social Empresaria. Las fallas de mercado justifican la presencia de la autoridad pública para asegurar la asignación de ciertos recursos, las buenas prácticas, etc. En este sentido, el cumplimiento con los estándares mínimos de calidad (relativos a los procesos y los productos) en los bienes y servicios ofrecidos, la lealtad y veracidad en la información contable, la correcta relación con las otras firmas presentes en el mercado, la legislación laboral y las normativas relacionadas con el medio ambiente son el “piso” de la RSE, el punto de partida de la misma.
Mäs allá del piso ético “elemental” exigido por las leyes y las regulaciones estatales, la Ética aplicada a las empresas manifiesta algunas aplicaciones. Sin pretender agotar el espectro ético de la empresa, podemos proponer un “decálogo”:
Servir a la sociedad con productos útiles y en condiciones justas.
Crear riqueza de la manera más eficaz posible.
Procurar la continuidad de la empresa y, si es posible, lograr un crecimiento razonable.
Afianzar el “Buen Gobierno”: Legitimidad de la conducción, de acuerdo a la ley de sociedades. Equidad distributiva (distribución de dividendos, fijación de sueldos, premios). Responsabilidad social corporativa (voluntariado, apoyo al bien público, protección al medio ambiente)
Fortalecer el “Capital Social” (relacionado con el trabajo en equipo): Colaboración, esfuerzo mutuo, compartido. Construcción de redes, lazos comunicativos directos. Transparencia en mensajes e intenciones (Confiabilidad, credibilidad, expectabilidad).
Consolidar el Desarrollo Humano (respeto a la Dignidad Humana, expresada en los Derechos Humanos) en la empresa: Igualdad de oportunidades. Condiciones de trabajo dignas que favorezcan la seguridad y salud laboral y el desarrollo humano y profesional de los trabajadores. Trato correcto entre empleadores y empleados.
Respetar el medio ambiente evitando en lo posible cualquier tipo de contaminación minimizando la generación de residuos y racionalizando el uso de los recursos naturales y energéticos.
Además de cumplir con rigor las leyes, reglamentos y normas, respetando los legítimos contratos, atender a la cultura y las costumbres de la zona, tener presentes los compromisos adquiridos, etc.
Relación correcta con el sector público, buscando colaboración sin obsecuencias, guardando la distancia prudente sin impedir que funcionen las instituciones.
Cooperar con otras firmas, buscando generar y aprovechar externalidades positivas para todo el sector de la actividad (especialización de proveedores, del mercado laboral, difusión del conocimiento, etc.)
Más allá de los grises que se pueden apreciar en las experiencias que van consolidándose, es innegable que se están poniendo en discusión las funciones, los roles y los estilos de la gestión de una institución clave en nuestro modo de vida, como es la empresa. Siempre será saludable salir al encuentro de los nuevos problemas, reflexionar sobre la naturaleza de los procesos cotidianos que se dan al interior de la misma, y considerar integralmente los resultados alcanzados.
Rafael Tesororafaeltesoro2@yahoo.com.ar
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Empresa